Ojalá...
No quería perderte y te he perdido. Nos hemos perdido. Ha sido una semana. Sólo una semana, corta y extraña, pero tan intensa. Dos encuentros tiernos y hermosos, pero demasiados desencuentros. Quizá en algún lugar hay un mundo paralelo en el que nadie se siente amenazado, ni tiene miedo del futuro o de repetir el pasado. Quizá en algún lugar estemos tú y yo viviendo nuestra historia contemplando, entre divertidos y extrañados, cómo se debaten las mentes terrestres, cómo pierden el tiempo entre retóricas y análisis críticos, cómo dejan pasar el agua a su lado sin ni siquiera oirla. Quizá en ese lugar tú y yo nos cogemos de las manos y giramos sin fin, desnudos, vibrando, riendo, viviendo nuestros sueños. Giramos y giramos ajenos a todo, tan inocentes como dos niños, con nuestras almas en sintonía, sin otra cosa que hacer más que vivirnos los dos, con tanta fuerza que el viento se alza deshojando las ramas de los árboles.
Quizá en ese lugar nadie observa a nadie, ni espera nada, ni juzga nada. Quizá en ese lugar los amantes solo pueden sentir amor sin condiciones, sin cortapisas, y dejarse llevar por sus ojos que se miran hasta universos secretos donde solo ellos entran y construyen en cada instante de amor.
Quizá en ese lugar el suelo se alfombra de hojas de otoño para dar lecho a tanto amor para el que no hay sitio en otros lugares, y tú y yo lo recogemos para usarlo, porque nadie lo quiere y moriría estéril, y tenemos tanto amor que no podemos hacer otra cosa más que girar felices hasta caer exhaustos sobre las hojas, y amarnos hasta que nuestro abrazo es tan perfecto que abrimos la puerta de nuestro íntimo universo para adentrarnos en él solos. Tú y yo.
Ojalá existiera ese lugar al que yo pudiera ir con el amor que he recogido del suelo, me desborda y morirá sin ser usado por nadie. Ojalá.



